lunes, 29 de noviembre de 2010

LA PERSONALIDAD DE LA MARCA

En el mercado del espectáculo vemos a menudo que los artistas se promocionan apareciendo en cuanto programa los inviten, algunos apelan a los escándalos y otros a los entredichos para mantenerse bajo la atención pública, pero que es lo que los motiva a ello, indudablemente no solo su figuretismo por así decirlo, sino también una finalidad económica que es convertirse en una marca que venda y por tanto valorada y codiciada por las empresas para promocionar sus productos.
En efecto actualmente las empresas se valen de la imagen de las personas que adquieren cierta notoriedad en el medio artístico, deportivo e incluso político para vender sus productos con el objeto de que tengan mayor aceptación por los consumidores.
Ya que se sabe que las personas guardan cierta admiración a los artistas llegando incluso a imitar sus comportamientos, es así que la publicidad mediante el uso de la imagen de un famoso asegura las ventas a una firma y a su vez reporta ganancias al artista.
Es entonces, que existen claros incentivos para que las personas que se inician en el mercado del espectáculo tiendan acaparar los medios y hacer notoria su vida no necesariamente por su talento sino principalmente por sus escándalos, puesto que el mercado demanda artistas que sean capaces de vender sus productos sin importar el costo.
Desde luego aquí estamos frente a una distorsión del mercado por incentivos perversos a los agentes económicos que condicionan sus actuaciones y no permite una oferta y demanda eficiente, es decir, los vendedores deberían competir por precio y calidad mientras que los compradores deberían demandar menos precios y más calidad, sin embargo, la publicidad tiende a nublar la visión de un mercado de competencia perfecta, porque brinda información irrelevante a los consumidores, cuando asume que un producto es de calidad porque lo promociona una figura conocida.
Por lo que, aquí pesa mucho el principio de autoridad o credibilidad de la marca, porque el producto no venderá por su características propias sino por el respaldo que recibe de la imagen del famoso, lo que ocasiona que al momento de comprar el bien, el consumidor actué de forma emocional, es decir, que no vea el producto en sí, sino que prime su admiración por el artista o deportista que promociona el bien y por tanto pierda objetividad.
Además, que en estos mercados pese a existir bienes similares o sustitutos, los compradores son fidelizados mediante la idolatría a la figura de la persona pública que rodea al producto.
Y aquí los consumidores tenemos que aprender a distinguir que calidad producto no es igual a la calidad del artista que lo promociona, porque detrás de ello existe una campaña publicitaria destinada a capturar nuestras preferencias. Los empresarios saben muy bien que los consumidores somos emocionales al comprar y por ello manipulan nuestras decisiones de consumo con figuras que admiramos, resaltan nuestro patriotismo o apelan a otros valores para lograr sus fines.
En suma, la personalidad de la marca implica el proceso, por el cual, el mercado tiende a concebir a una persona como marca comercial por sus posibilidad de atraer la preferencia del consumidor, impidiendo la objetividad del consumo, confundiendo las características del producto con las cualidades de la persona, lo que hace que el comprador sea cautivo del bien o servicio promocionada, en desmedro de la competencia, al no existir productos similares o sustitutos, ya que no habrá dos artistas iguales. La única posibilidad de no ser prisioneros de esta modalidad de publicidad muy propia de nuestro tiempo, es minimizar el comportamiento emocional al momento de comprar y agudizar la objetividad para no perder de vista al objeto por el sujeto.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

EL COSTO DE LA IMPUNTUALIDAD

En nuestra vida diaria siempre vivimos pendientes del reloj y muchas veces incurrimos en la impuntualidad por el mal hábito de no salir a tiempo para llegar en hora al trabajo, la universidad, el colegio u otro lugar, lo cual, desde luego no sólo genera perjuicios en nosotros sino en el entorno que nos rodea, ya que genera molestias o retardos en las actividades o tareas a realizar.
Por tanto, la impuntualidad no sólo produce efectos negativos en el sistema social sino también en el plano económico, puesto que ese hábito o costumbre de no llegar a tiempo crea un sobre costo en las actividades económicas que implica una pérdida de eficacia, porque el empresario deberá producir menos pagando más que a su vez se trasladará al consumidor final mediante el precio.
Es entonces que la impuntualidad se convierte en un problema económico que acarrea mayores costos a las empresas y personas, quienes pierden ingresos por cada minuto de tardanza de sus proveedores y trabajadores.
Sin embargo, la solución a este problema también lo podemos encontrar en la teoría económica que nos enseña que es más conveniente que los empresarios o productores afronten el costo de crear incentivos para promover la puntualidad en sus trabajadores que asumir los costos de la impuntualidad.
Es decir, que si sumamos todas las pérdidas económicas que nos ocasiona la impuntualidad de nuestros colaboradores y lo equiparamos con el costo de crear un mecanismo que motive a los trabajadores a llegar temprano, siempre resultará más barato optar por la segunda opción que soportar la primera.
Pero, ese incentivo para ser eficaz tiene que ofrecer un mayor beneficio al que obtiene el trabajador por llegar tarde, ya que dicho personal no comparte los mismos riesgos que el empresario y por tanto no tiene ningún interés en mejorar la producción. Aunque algunos creen que la mejor forma de reducir los efectos negativos de las externalidades es desincentivar la misma mediante la internalización de costos, es decir, con formulas como los descuentos o la amenaza del despido a los trabajadores. Nosotros discrepamos de esas alternativas y abogamos por incentivos positivos.
Porque como señalamos el trabajador que llega tarde obtiene un beneficio implícito por ello, como puede ser dormir más, pasar un tiempo extra con su familia, compartir momentos con sus hijos, etc., y mientras el empleador sólo le adiciona costos al descontarle o despedirlo, logrando como resultado el efecto inverso, ya que el trabajador podrá llegar más temprano por miedo a la sanción, pero su desempeño laboral disminuirá porque se encuentra desmotivado. Desde luego cuando me refiero a equiparar los beneficios no significa igualar la satisfacción obtenida sino crear alternativas atractivas que impulsen a sacrificar esa utilidad para logra un beneficio mayor a futuro.
En suma, la impuntualidad genera costos y esos costos son asumidos íntegramente por el empresario o titular de la actividad, a su vez, el trabajador que no asume riesgos en la actividad, no tiene incentivos para llegar temprano más que conservar su trabajo, por lo que; la mejor forma para combatir la impuntualidad es crear mecanismos de incentivo que logren ese esfuerzo adicional para cumplir con el horario y desempeñar sus funciones plenamente motivados.
Pero valgan verdades la cultura de la impuntualidad está generalizada en todo los ámbitos de la sociedad, comenzando por quien escribe, al confesarme un impuntual no por falta de tiempo sino de organización.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA INFIDELIDAD DEL CONSUMIDOR

En un escenario de competencia perfecta en el que existen muchos compradores y vendedores, que poseen la misma información sobre el producto y donde los bienes y/o servicios que se comercian son similares entre sí o hay muchos sustitutos, además que no hay restricciones u obstáculos al ingreso o salida del mercado, los consumidores tenemos la posibilidad de ser infieles.
Ya que no debemos ser prisioneros de las marcas o bienes que siempre consumimos, puesto que nuestra infidelidad con el proveedor nos permite observar otras opciones del producto y por tanto dinamizar la competencia en el mercado obteniendo mejores precios y calidad del producto.
A su vez, la infidelidad que consiste en optar por la decisión racional de consumo comparando todos los productos similares o sustitutos para elegir aquel que mejor satisfaga nuestras necesidades, no sólo tiene como objetivo conseguir mejor precio y calidad, sino que a la vez tiende a castigar al proveedor que valiéndose de la publicidad abusa del consumidor fidelizado.
Una manifestación de la fidelidad del consumidor es el comportamiento emocional de consumo, que consiste en que los compradores se sienten identificados con una marca o producto específico que produce un solo proveedor y por tanto, al tener capturado la preferencia del consumidor, el proveedor se conduce como un monopolio con los mismo efectos perjudiciales que eso significa para el mercado y el consumidor.
Es por ello, que los consumidores no debemos temer ser infieles ante nuestros proveedores, ya que al buscar nuestro beneficio particular logramos un beneficio general como mejores precios y calidad en los productos, mayor eficiencia asignativa de los recursos en el mercado y la salida de los proveedores abusivos.
En suma la infidelidad en el mercado es una buena práctica que promueve la competencia, al permitir cambiar de opción de consumo ante una mejor alternativa, lo que implica que la elasticidad de la demanda será mayor en la medida que nos dejemos llevar menos por la publicidad o por la emotividad ante un producto y evaluemos objetivamente un producto antes de comprarlo.
Ocurre en cambio, muchas veces que los consumidores somos fieles a un producto por años porque siempre ha colmado nuestras expectativas y sin embargo, de un tiempo a otro su precio se incrementa o la calidad disminuye pero no obstante continuamos adquiriéndolo, atendiendo al dicho popular que señala que “más vale diablo conocido que por conocer”. Resulta que para efectos de la economía de libre mercado esa frase popular no tiene ningún fundamento, ya que sólo conociendo las nuevas opciones de venta podremos comparar y reafirmar nuestra elección o en su defecto cambiar a otro mejor.
Desde luego, se trata de una situación de segundo mejor, ya que es mejor ser infiel que no serlo, puesto que en el peor de los casos, el consumidor infiel tendrá siempre la posibilidad de volver a preferir el producto anterior, lo importante es no ser esclavo de las políticas comerciales de las empresas que nos bombardean segundo a segundo con campañas publicitarias para fidelizarnos y tener un mercado cautivo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

EL DRENAJE FLUVIAL Y LAS EXTERNALIDADES

Las obras del drenaje fluvial que intenta evitar futuros accidentes y/o catástrofes para brindar a los vecinos de nuestra ciudad una infraestructura de alcantarillado adecuada, que enfrente el problema de los aniegos producto de la temporada de lluvias, se ha vuelto hoy por hoy la más cuestionada, ya sea por la lentitud con que avanza la obra o el caos que ocasiona ante cada llovizna que generan molestias en los vecinos, comerciantes y transportistas que viven, comercian o transitan por la zona.
Esta molestias para su mejor compresión y solución pueden son entendidas desde la teoría económica como externalidades, que son efectos no contratados de una determinada actividad cuyas consecuencias recae en terceros, en ese sentido, estos efectos pueden ser positivas cuando producen beneficios y son negativas cuando generan costos.
En el caso del drenaje fluvial nos encontramos frente a externalidades negativas ya que la demora en la culminación de la obra sumado a ello las lluvias continuas, hacen que el valor de las propiedades que se ubican en las calles donde se ejecuta la obra disminuya y también que los comercios pierdan ingresos por una menor concurrencia de clientes en la zona, adicionalmente del costo de las reparaciones o contingencias que son asumidos por los propietarios ante las inundaciones que no están previstos en el presupuesto de la obra.
Desde luego, toda obra pública significa un beneficio futuro es decir una externalidad positiva, ya que las molestias de hoy serán al menos en teoría compensadas por el funcionamiento y mejoras en la calidad de vida que posibilite la obra, revirtiendo todos los efectos negativos. Pero está claro también, que los ciudadanos no podemos esperar eternamente por la culminación de una obra sufriendo las molestias bajo la expectativa de un beneficio venidero, ya que la ejecución de todo quehacer del Estado e incluso de los particulares tiene que realizarse en un plazo razonable, excedido el cual, las molestias deben repararse.
El problema de las externalidades, es que en las externalidades positivas los terceros que comparten el beneficio social no asumen los costos de mantenerlos, lo que desincentiva la actividad, mientras que en el caso de las externalidades negativas quien genera la molestia no internaliza el costo social lo que incentiva la conducta.
En suma, la solución al caso concreto seria compensar los efectos negativos o molestias ocasionados a los vecinos y comerciantes mediante exoneraciones a sus tributos y/o arbitrios, ya que de esa forma la municipalidad internalizaría en alguna medida los costos sufridos por los vecinos durante la ejecución de la obra, salvo mejor parecer.

jueves, 28 de octubre de 2010

EL COSTO DE LA INFORMALIDAD

Ante el alarmante incremento del comercio ambulatorio en nuestra ciudad, las autoridades y los vecinos nos preguntamos qué se puede hacer ante este fenómeno social, que es consecuencia de la cultura de informalidad a la que estamos acostumbrados, puesto que al transitar por las calles podemos ver como los comerciantes han invadido las vías públicas, haciendo incluso imposible caminar con normalidad.
Sin embargo, este además de ser un fenómeno social no dejar de ser un problema económico, ya que los vendedores ante la pérdida de autoridad de la municipalidad que es el llamado a ordenar la ciudad, ofrece sus bienes o servicios donde mejor les conviene, indudablemente de fondo hay una necesidad existente de la población de proveerse de recursos mediante el trabajo y sin mayores costos.
Desde el punto de vista económico, los vendedores que actúan bajo la lógica de mercado buscan ahorrar costos para lograr maximizar sus ganancias, ya que formalizarse implica mayores costos que no están dispuestos asumir porque eso significaría obtener una menor utilidad por la actividad, y como proveedores les conviene tener menos costos y más ingresos.
Es por eso, que para neutralizar la informalidad existente el Estado tiene que apelar al análisis económico del Derecho, mediante el cual, asume que los comerciantes permanece en la informalidad porque los costos de permanecer en esa situación son menores que ser formales, que le exige tener locales, pagar tributos, obtener licencia, entre otros, que hacen poco atractivo seguir produciendo.
Es entonces que requerimos una respuesta del Estado mediante la municipalidad para minimizar los efectos negativos o externalidades del comercio ambulatorio, incrementando los costos de permanecer en la informalidad imponiendo multa u otras sanciones para desincentivar la informalidad del ambulante y a la vez incentivar la formalización dando facilidades mediante trámites sencillo y agiles que motiven su participación.
Claro está, dichas medidas se deben realizar de forma inteligente sin que ello implique, quitarles sus puestos de empleos a los comerciantes, ya que es su medio de subsistencia que genera riqueza y necesitamos que esa creación de riqueza se canalice mediante el cumplimiento de las normas que procuran el orden y seguridad en la sociedad y a la vez que contribuyan al fisco para procurar con esos fondos bienestar a todos los ciudadanos.
En suma, es materia de análisis y tarea pendiente para las autoridades la implementación de incentivos para la formalización y desincentivan del comercio ambulatorio sin que ello signifique abuso de autoridad o medidas discriminatorias, para lo cual, deben tener presente que los comerciantes como todo agente económico sólo buscan su beneficio particular ahorrando costos y maximizando ganancias, y es labor del Estado logra que la búsqueda de ese interés particular repercuta en el interés general y beneficio social, fomentando la creación de riqueza, empresa y medios de empleo, pero sin que ello signifique sacrificar el orden y la tranquilidad de los vecinos.

miércoles, 20 de octubre de 2010

REMEDIO A LA ASIMETRIA INFORMATIVA

La falta de información es para los consumidores la principal causa de sus problemas de consumo, dado que es un hecho que los vendedores poseen más información que los compradores, porque conocen las características del producto y los precios del mercado, situación que los pone en ventaja a la hora de negociar, ya que tener información en el mercado es poder, y ese poder se materializa a través de la capacidad de imponer sus condiciones, logrando que el consumidor acepte o tome por cierta la información que le proporciona el vendedor.
Desde luego, esa información no siempre es veraz, clara ni detallada y es entonces donde surge el problema, ya que el consumidor al adquirir el bien o servicio asume que lo señalado por el proveedor es completa y verdadera, pero ocurre todo lo contrario, lo que origina que compremos menos por más y que a la vez el producto no satisfaga nuestras necesidades.
En suma, el proveedor siempre nos brindará la información que le conviene resaltar, ya que no tiene ningún incentivo para revelar toda la información que posee y menos aquella que destaca los aspectos negativos de su producto, ya que teniendo a disposición el consumidor dicha información podría optar por el producto de otro proveedor.
Además, debemos considerar que la información implica un costo adicional para el consumidor que requiere estar informado antes de adquirir un producto, puesto que luego de comprar la mejor opción del bien en el mercado, podremos evaluar el costo real del producto que no sólo incluye el precio sino también el costo de información de encontrar esa mejor opción.
Lo ideal sería trasladar el costo de información al vendedor, sin embargo; al imponerle esa obligación que certeza tendríamos que el productor no va ocultar información relevante amparándose luego en el cumplimiento del deber de información mediante los confusos contratos que nadie lee. Claro que ningún consumidor diligente puede alegar luego que no leyó el contrato basándose únicamente en los dichos del proveedor para solicitar la tutela del sistema de protección al consumidor, pero lo que aquí se espera es dotar al comprador de mecanismos más eficaces para acceder a esa información.
Una de las formas que consideramos idóneas para que el comprador o consumidor pueda tener disponible esa información relevante seria mediante la elaboración de catálogos o manuales de productos por mercados, que contendría las dos variables que al consumidor más le interesa al momento de adquirir un bien o servicio, no referimos al precio y la calidad.
Sin embargo, dicho catálogo no podría ser elaborado por los proveedores, productores o vendedores, porque conforme ya señalamos tienen incentivos perversos para manipular, alterar, ocultar o racionar la información, menos podríamos atribuir esa labor al consumidor que es la parte débil de la relación de consumo y dicho sea de paso es el menos informado. Pero es distinta la situación tratándose de los consumidores organizados mediante asociaciones en el que existe una relación colectiva de consumo y en la cual dejan de ser la parte débil de la relación y pasa a protagonizar la representación y defensa de sus intereses de igual a igual frente al proveedor.
En esa circunstancia bien pudiera asignárseles a las asociaciones de consumidores y usuarios la labor de informar a sus asociados y consumidores en general sobre las opciones de oferta en el mercado, a través de catálogos incidiendo sobre precio y calidad de productos homogéneos, bajo un principio de neutralidad que garantice que la información no sólo sea veraz y detallada sino principalmente imparcial y objetiva. De tal modo, que el consumidor pueda por ese medio acceder a la información relevante antes de comprar el producto o contratar el servicio.

viernes, 15 de octubre de 2010

RESTRICCIONES EN EL SERVICIO DE INTERNET

Al intentar ensayar algunas explicaciones económicas sobre las causas en la restricción o desabastecimiento en el servicio de acceso a Internet, teniendo en cuenta el análisis de producción que una empresa hace al corto y largo plazo.
Debemos tener en cuenta primero que actualmente la ciudad se encuentra atravesando por un problema de desabastecimiento del servicio, lo que trae como consecuencia la restricción del mismo por la empresa operadora, es decir, no admite nuevas conexiones o limita su contratación, lo que evidentemente genera un conjunto de situaciones como la negativa a contratar, incumplimiento de instalación o activación, saturación de red y surgimiento de mercados negros, entre otros.
Pero cuál es la madre del cordero, para llegar a establecer esas causas debemos tener presente que una firma o empresa cuando desea producir un bien o servicio tiene que analizar los factores de producción requeridos para tal actividad, lo cual implica incurrir en costos los cuales serán altos en cuanto mayor sean el nivel de producción en un horizonte de tiempo determinado (corto y largo plazo).
Ahora una vez que la empresa ha definido, el nivel de producción para hacer frente a la demanda existente, ésta tendrá que incurrir al corto plazo en costos fijos y variables, es decir; llamamos fijos aquellos costos que son constantes en un espacio de tiempo y variables los que sufren modificaciones por diversos factores.
Así, el conjunto de costos fijos vienen a representar el tamaño de planta de la empresa que no es susceptible de cambiar en el corto plazo, ya que en ese periodo de tiempo permanece constante, sólo pudiendo manipular la empresa los costos variables que se adaptan a sus necesidades de producción inmediatas.
Pero usted se preguntará que tiene que ver todo esto con los problemas de restricción del servicio de Internet que se viene suscitando en nuestra ciudad, en realidad mucho, porque una empresa planea su tamaño de planta, es decir; los costos fijos que va realizar para brindar el bien o servicio no sólo en relación a la demanda existente sino también a la futura.
Por ejemplo, imaginemos que ponemos un negocio de pastelería para lo cual hemos alquilado un local que tiene capacidad para 30 personas y actualmente nuestro local recibe en horas pico un promedio de 25 clientes. Pero al pasar los años queremos producir más, sin embargo; pese a que aumentemos algunos costos variables como la mano de obra o insumos para producir más pasteles, no podemos atender más clientes en nuestro local porque hemos llegado al límite de nuestro tamaño de planta y para cambiar ello, tendremos que alquilar un local más grande, lo que implica incurrir en nuevos costos fijos, y ya que dicha adaptación no se da de la noche a la mañana, perderemos muchos clientes hasta lograr el cambio de planta.
Igual ocurre con la empresa que brinda Internet, que planifico su tamaño de planta para abastecer a un número de clientes menores a los existentes actualmente, es decir subestimo el crecimiento de la demanda de Internet y como consecuencia de ello, por más que incurra en costos variables como mantenimiento o más personal técnico para nuevas conexiones, su sistema de telecomunicaciones no permite un número mayor de usuarios, ya que su tamaño de planta ha desbordado su capacidad y requiere más y mejor infraestructura, que se tendrá que dar en el futuro mediato, puesto que por la falta de previsión actualmente no podemos hacer frente a la demanda potencial. Ya que toda inversión que involucran la variabilidad de costos fijos implican pensar en el largo plazo como horizonte de tiempo de la producción. Lo que requiere una respuesta del Estado para evitar que los planes de inversión de las empresas y expansión de los servicios sean timoratos y terminen por poner en peligro el acceso y la continuidad servicios esenciales.