miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA INFIDELIDAD DEL CONSUMIDOR

En un escenario de competencia perfecta en el que existen muchos compradores y vendedores, que poseen la misma información sobre el producto y donde los bienes y/o servicios que se comercian son similares entre sí o hay muchos sustitutos, además que no hay restricciones u obstáculos al ingreso o salida del mercado, los consumidores tenemos la posibilidad de ser infieles.
Ya que no debemos ser prisioneros de las marcas o bienes que siempre consumimos, puesto que nuestra infidelidad con el proveedor nos permite observar otras opciones del producto y por tanto dinamizar la competencia en el mercado obteniendo mejores precios y calidad del producto.
A su vez, la infidelidad que consiste en optar por la decisión racional de consumo comparando todos los productos similares o sustitutos para elegir aquel que mejor satisfaga nuestras necesidades, no sólo tiene como objetivo conseguir mejor precio y calidad, sino que a la vez tiende a castigar al proveedor que valiéndose de la publicidad abusa del consumidor fidelizado.
Una manifestación de la fidelidad del consumidor es el comportamiento emocional de consumo, que consiste en que los compradores se sienten identificados con una marca o producto específico que produce un solo proveedor y por tanto, al tener capturado la preferencia del consumidor, el proveedor se conduce como un monopolio con los mismo efectos perjudiciales que eso significa para el mercado y el consumidor.
Es por ello, que los consumidores no debemos temer ser infieles ante nuestros proveedores, ya que al buscar nuestro beneficio particular logramos un beneficio general como mejores precios y calidad en los productos, mayor eficiencia asignativa de los recursos en el mercado y la salida de los proveedores abusivos.
En suma la infidelidad en el mercado es una buena práctica que promueve la competencia, al permitir cambiar de opción de consumo ante una mejor alternativa, lo que implica que la elasticidad de la demanda será mayor en la medida que nos dejemos llevar menos por la publicidad o por la emotividad ante un producto y evaluemos objetivamente un producto antes de comprarlo.
Ocurre en cambio, muchas veces que los consumidores somos fieles a un producto por años porque siempre ha colmado nuestras expectativas y sin embargo, de un tiempo a otro su precio se incrementa o la calidad disminuye pero no obstante continuamos adquiriéndolo, atendiendo al dicho popular que señala que “más vale diablo conocido que por conocer”. Resulta que para efectos de la economía de libre mercado esa frase popular no tiene ningún fundamento, ya que sólo conociendo las nuevas opciones de venta podremos comparar y reafirmar nuestra elección o en su defecto cambiar a otro mejor.
Desde luego, se trata de una situación de segundo mejor, ya que es mejor ser infiel que no serlo, puesto que en el peor de los casos, el consumidor infiel tendrá siempre la posibilidad de volver a preferir el producto anterior, lo importante es no ser esclavo de las políticas comerciales de las empresas que nos bombardean segundo a segundo con campañas publicitarias para fidelizarnos y tener un mercado cautivo.

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