miércoles, 17 de noviembre de 2010

EL COSTO DE LA IMPUNTUALIDAD

En nuestra vida diaria siempre vivimos pendientes del reloj y muchas veces incurrimos en la impuntualidad por el mal hábito de no salir a tiempo para llegar en hora al trabajo, la universidad, el colegio u otro lugar, lo cual, desde luego no sólo genera perjuicios en nosotros sino en el entorno que nos rodea, ya que genera molestias o retardos en las actividades o tareas a realizar.
Por tanto, la impuntualidad no sólo produce efectos negativos en el sistema social sino también en el plano económico, puesto que ese hábito o costumbre de no llegar a tiempo crea un sobre costo en las actividades económicas que implica una pérdida de eficacia, porque el empresario deberá producir menos pagando más que a su vez se trasladará al consumidor final mediante el precio.
Es entonces que la impuntualidad se convierte en un problema económico que acarrea mayores costos a las empresas y personas, quienes pierden ingresos por cada minuto de tardanza de sus proveedores y trabajadores.
Sin embargo, la solución a este problema también lo podemos encontrar en la teoría económica que nos enseña que es más conveniente que los empresarios o productores afronten el costo de crear incentivos para promover la puntualidad en sus trabajadores que asumir los costos de la impuntualidad.
Es decir, que si sumamos todas las pérdidas económicas que nos ocasiona la impuntualidad de nuestros colaboradores y lo equiparamos con el costo de crear un mecanismo que motive a los trabajadores a llegar temprano, siempre resultará más barato optar por la segunda opción que soportar la primera.
Pero, ese incentivo para ser eficaz tiene que ofrecer un mayor beneficio al que obtiene el trabajador por llegar tarde, ya que dicho personal no comparte los mismos riesgos que el empresario y por tanto no tiene ningún interés en mejorar la producción. Aunque algunos creen que la mejor forma de reducir los efectos negativos de las externalidades es desincentivar la misma mediante la internalización de costos, es decir, con formulas como los descuentos o la amenaza del despido a los trabajadores. Nosotros discrepamos de esas alternativas y abogamos por incentivos positivos.
Porque como señalamos el trabajador que llega tarde obtiene un beneficio implícito por ello, como puede ser dormir más, pasar un tiempo extra con su familia, compartir momentos con sus hijos, etc., y mientras el empleador sólo le adiciona costos al descontarle o despedirlo, logrando como resultado el efecto inverso, ya que el trabajador podrá llegar más temprano por miedo a la sanción, pero su desempeño laboral disminuirá porque se encuentra desmotivado. Desde luego cuando me refiero a equiparar los beneficios no significa igualar la satisfacción obtenida sino crear alternativas atractivas que impulsen a sacrificar esa utilidad para logra un beneficio mayor a futuro.
En suma, la impuntualidad genera costos y esos costos son asumidos íntegramente por el empresario o titular de la actividad, a su vez, el trabajador que no asume riesgos en la actividad, no tiene incentivos para llegar temprano más que conservar su trabajo, por lo que; la mejor forma para combatir la impuntualidad es crear mecanismos de incentivo que logren ese esfuerzo adicional para cumplir con el horario y desempeñar sus funciones plenamente motivados.
Pero valgan verdades la cultura de la impuntualidad está generalizada en todo los ámbitos de la sociedad, comenzando por quien escribe, al confesarme un impuntual no por falta de tiempo sino de organización.

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