jueves, 16 de diciembre de 2010

OSIPTEL ORDENA A TELEFÓNICA NO APLICAR CLAUSULAS ABUSIVAS

El objeto de esta columna estimados lectores es comentar la medida expedida por el Organismo Supervisor de la Inversión Privada en Telecomunicaciones – OSIPTEL que ordena a la empresa Telefónica del Perú la no aplicación de las clausulas abusivas en los contratos del servicio de Internet Speedy que restringe la capacidad de descargas del Internet bajo la amenaza de la reducción de la velocidad contratada.
En efecto, el contrato señala que la empresa “podrá reducir la velocidad contratada de verificarse que el cliente [...] se conecta a más de 5 computadoras en simultáneo y dentro de un mismo mes”. Además, indican que podrán efectuar esa reducción si se sobrepasan los 20 GB en descargas para las velocidad contratada de 500 Kbps; 30 GB para contratos de 1 Mbps; 40 GB para 2 Mbps; y 60 GB para las conexiones con velocidades superiores. De excederse los límites de descarga, las velocidades se podrán ver degradadas de entre 100 Kbps a 500 Kbps”. (tomado de www.elcomercio.com.pe).
Lo que resulta por demás arbitrario, no sólo porque la empresa no comunico al regulador de dicha modificación contractual, ya que constituye una clausula que genera una carga gravosa para los abonados, aunque tengan la posibilidad de salirse del contrato por haber variado las condiciones del contrato inicial. Sino principalmente porque no existe un mecanismo objetivo para que el abonado y/o usuarios puedan efectuar el control de su consumo, ya que en materia de cantidad de trasmisiones vía Internet sea de bajada o subida, el operador no ha implementado medidores que permitan al usuario conocer la cantidad exacta de sus descargas en tiempo real.
Discusión que también se suscito en los famosos planes de Internet Móvil limitado de otros operadores que establecía una capacidad de descarga, por encima del cual se consideraba como consumo adicional y se le cobraba a tarifa distinta que por supuesto era muy superior, dicho situación tenía también como causa la falta de un mecanismo efectivo para el control de la cantidad de descargas, pero tuvo poca resonancia porque no muchos adquirieron ese plan.
Desde luego, la empresa mediante estos nuevos modelos de contrato buscaba desincentivar e identificar el uso indebido del servicio de acceso a Internet, como cuando un usuario distribuye Internet entre sus vecinos o cuanto le da un fin comercial. Sin embargo; no se puede partir de la idea de que todos hacen uso indebido del servicio y que por tanto justos paguen por pecadores, o que sea el abonado y/o usuario quien tenga que probar que no comete tales conductas. Ya que corresponde a la empresa dicha tarea.
En suma, no es posible que se nos aplique limites a la capacidad de descargas por problemas derivados de la mala detección del uso indebido y la saturación de su red ante la falta de mayor inversión en infraestructura, porque es obligación del operador garantizar la calidad y la continuidad del servicio posibilitando el acceso universal de todos los ciudadanos al mismo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

TEORÍA DE LA ELECCIÓN

Todos elegimos cada día y en cada momento de nuestras vidas, y esa elección que depende de muchos factores internos y externos tiende a identificarnos como consumidores, pero que misterio guarda ese instante ese segundo que nos lleva a optar por un producto en vez de otra, esto es el objeto de estas líneas que busca explicar dicho fenómeno.
A propósito de ello, se dice que la economía es la ciencia de la elección ya que estudia la toma de decisiones de los agentes económicos para el uso eficiente de sus recursos, así un consumidor buscará adquirir más (productos) con menos (dinero) mientras que un proveedor tiende a vender menos (productos) por más (dinero).
Está claro que a ambos agentes económicos los impulsa su fin económico de satisfacer sus necesidades mediante las mejores decisiones, para ello, la información conforme siempre he señalado es poder en el mercado y puede determinar hasta cierto punto la elección de un producto, y digo puede porque muchas veces no es lo que ocurre, sino por el contrario el consumidor se deja llevar por el producto más publicitado o con el que tiene cierta afinidad porque resulto una buena compra en el pasado, a ello se denomina decisión emocional de consumo que es una forma subjetiva de elegir, cuando lo correcto es comparar precios y calidades para optar objetivamente por aquel que mejor satisfaga nuestra necesidades de consumo.
Al igual que lo ocurre en la relaciones personales o sentimentales, lo seres humanos tendemos a establecer lazos y fortalecer vínculos con marcas y determinados productos a lo largo de nuestra vida, de tal modo que nos identificamos con los colores, diseños o mensaje que trasmite el producto de una empresa y lo interiorizamos como parte de nuestra personalidad.
Para entender como ocurre ello, debemos remitirnos a observar cómo elegimos pareja en el día a día, todo parte de una atracción o una impresión que nos lleva a un interés concreto sobre el sujeto, ya sea por las preferencias (alto, bajo, blanco, trigueño), la publicidad (es el más codiciado del medio), por la calidad (es bella, simpática e inteligente), todo ello constituyen factores que conjugados van afianzando nuestro sentimiento hacia el otro ser.
Sin embargo, a diferencia de las relaciones humanas, donde las personas puede conocer al sujeto antes de decidirse por elegirlo y a más información menor probabilidad de equivocarse, en el mercado no sucede lo mismo, puesto que muchas veces ni tenemos toda la información disponible sobre el producto para poder elegir y mucho menos el proveedor nos brinda datos relevantes, empero la dinámica tráfico comercial nos obliga a tomar una decisión inmediata.
No existe por ejemplo un periodo de prueba en el que el consumidor pueda constatar que el producto se adapte a sus necesidades y que por tanto sea acorde a sus expectativas y tampoco podría imponerse porque representaría una carga demasiado gravosa para los proveedores, ya que muchas veces el consumidor no elige bien pese a tener la información a su alcance y no sería razonable que asuman el costo justos por pecadores.
Desde luego, la teoría de la elección nos demuestra que los consumidores actuado condicionados por ciertos factores endógenos y exógenos al propio consumidor, es decir; nos motiva por una parte aquellos elementos subjetivos que surgen de las preferencias y prejuicios internos de cada uno y a la vez también nos impulsa los componentes objetivos que son externos y ajenos al consumidor y por tanto son reflejo del mercado.
Lo que significa que es conveniente guiar nuestras decisiones de compra por factores objetivos, sin que ello implique sacrificar nuestras preferencias ya que siempre habrá una carga subjetiva en la elección de consumo, pero no debe ser lo determinante al momento de optar por la mejor alternativa.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

LA COMPETENCIA MONOPOLÍSTICA DE CANCHAS DE GRASS SINTÉTICO

Se dice que no hay competencia en los monopolios, sin embargo si existe monopolios en la competencia, no se trata sólo de un juego de palabras sino de un mercado donde pese existir características de competencia hay efectos monopólicos, ya que cada proveedor logra el dominio de una cuota de mercado al diferenciar su producto de sus demás competidores mediante la innovación y exclusividad.
En ese sentido, de aquí a un tiempo se observa en nuestra ciudad un creciente negocio de canchas de grass sintético para satisfacer la demanda de entusiastas futbolistas que concurren en horas extra laborales a hacer deporte, desde luego, la dinámica competitiva ha sido el mejor regulador en este mercado donde el surgimiento de un mayor número de canchas de ese tipo ha propiciado la disminución del precio y la mejora de la calidad.
Es así, que los propietarios o titulares de dichos negocios buscan atraer la preferencia de los consumidores ofreciéndoles más variados y mejores servicios a sus clientes, lo que sólo es posible al tratar de distinguir el producto del competidor real.
Pero que tan posible es ello, en un mercado donde el producto relevante es cuasi homogéneo, es decir, presentan características similares, puesto que una cancha de grass sintética tiene una dimensión estándar, una distribución y elemento que le son comunes a todos, sin embargo; el empresario puede ahondar en aquellos servicios suplementarios que rodean al servicio principal que se ofrece. Por ejemplo; la calidad de grass, los camerinos, las duchas, las áreas de recreo para niños, el servicio de bebidas son lo que hace la diferencia.
En relación a la evolución del mercado, se observa el ingreso de nuevos competidores porque existe un margen de demanda por coberturar, es por ello, que a medida que haya mayor densidad de operadores se lanzarán promociones y ofertas para captar al cliente del competidor, situación que no se da actualmente porque los proveedores del servicio se encuentran cómodos con los ingresos percibidos, ya que hay clientes para todos.
Pero si vamos más allá, analizando la competencia en estos mercados encontraremos que: a) no existen muchos proveedores, lo que se manifiesta por que la cantidad ofertada es menor a la cantidad demandada; b) la información es relativamente completa, ya que al existir poco proveedores resulta fácil para el consumidor comparar calidad y precios de los servicios; c) existe barreras de entrada y de salida, barreras de entrada de tipo burocrático ya que la mayor cantidad de negocios de ese tipo se ubican en zonas céntricas de la ciudad y la municipalidad exige muchos requisitos para su funcionamiento y barreras de salidas por la existencia de costos hundidos que son inversiones difíciles de recuperar, y; d) el producto no es homogéneo, por qué hay una tendencia hacia la diferenciación del producto para atraer más clientes, ya que los competidores buscan diversificar y sofisticar sus servicios para asegurar una cuota de mercado que les permita una posición de dominio para imponer el precio que mejor les convenga.
En conclusión el negocio de canchas de grass sintético es un mercado de competencia imperfecta que tiende a diferenciar el producto para cobrar un precio monopólico, y la mejor respuesta del consumidor a ese intento es informarse adecuadamente y ante un incremento en el precio trasladar su demanda al competidor más cercano para desincentivar las alzas precios o abusos de posición de dominio.

lunes, 29 de noviembre de 2010

LA PERSONALIDAD DE LA MARCA

En el mercado del espectáculo vemos a menudo que los artistas se promocionan apareciendo en cuanto programa los inviten, algunos apelan a los escándalos y otros a los entredichos para mantenerse bajo la atención pública, pero que es lo que los motiva a ello, indudablemente no solo su figuretismo por así decirlo, sino también una finalidad económica que es convertirse en una marca que venda y por tanto valorada y codiciada por las empresas para promocionar sus productos.
En efecto actualmente las empresas se valen de la imagen de las personas que adquieren cierta notoriedad en el medio artístico, deportivo e incluso político para vender sus productos con el objeto de que tengan mayor aceptación por los consumidores.
Ya que se sabe que las personas guardan cierta admiración a los artistas llegando incluso a imitar sus comportamientos, es así que la publicidad mediante el uso de la imagen de un famoso asegura las ventas a una firma y a su vez reporta ganancias al artista.
Es entonces, que existen claros incentivos para que las personas que se inician en el mercado del espectáculo tiendan acaparar los medios y hacer notoria su vida no necesariamente por su talento sino principalmente por sus escándalos, puesto que el mercado demanda artistas que sean capaces de vender sus productos sin importar el costo.
Desde luego aquí estamos frente a una distorsión del mercado por incentivos perversos a los agentes económicos que condicionan sus actuaciones y no permite una oferta y demanda eficiente, es decir, los vendedores deberían competir por precio y calidad mientras que los compradores deberían demandar menos precios y más calidad, sin embargo, la publicidad tiende a nublar la visión de un mercado de competencia perfecta, porque brinda información irrelevante a los consumidores, cuando asume que un producto es de calidad porque lo promociona una figura conocida.
Por lo que, aquí pesa mucho el principio de autoridad o credibilidad de la marca, porque el producto no venderá por su características propias sino por el respaldo que recibe de la imagen del famoso, lo que ocasiona que al momento de comprar el bien, el consumidor actué de forma emocional, es decir, que no vea el producto en sí, sino que prime su admiración por el artista o deportista que promociona el bien y por tanto pierda objetividad.
Además, que en estos mercados pese a existir bienes similares o sustitutos, los compradores son fidelizados mediante la idolatría a la figura de la persona pública que rodea al producto.
Y aquí los consumidores tenemos que aprender a distinguir que calidad producto no es igual a la calidad del artista que lo promociona, porque detrás de ello existe una campaña publicitaria destinada a capturar nuestras preferencias. Los empresarios saben muy bien que los consumidores somos emocionales al comprar y por ello manipulan nuestras decisiones de consumo con figuras que admiramos, resaltan nuestro patriotismo o apelan a otros valores para lograr sus fines.
En suma, la personalidad de la marca implica el proceso, por el cual, el mercado tiende a concebir a una persona como marca comercial por sus posibilidad de atraer la preferencia del consumidor, impidiendo la objetividad del consumo, confundiendo las características del producto con las cualidades de la persona, lo que hace que el comprador sea cautivo del bien o servicio promocionada, en desmedro de la competencia, al no existir productos similares o sustitutos, ya que no habrá dos artistas iguales. La única posibilidad de no ser prisioneros de esta modalidad de publicidad muy propia de nuestro tiempo, es minimizar el comportamiento emocional al momento de comprar y agudizar la objetividad para no perder de vista al objeto por el sujeto.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

EL COSTO DE LA IMPUNTUALIDAD

En nuestra vida diaria siempre vivimos pendientes del reloj y muchas veces incurrimos en la impuntualidad por el mal hábito de no salir a tiempo para llegar en hora al trabajo, la universidad, el colegio u otro lugar, lo cual, desde luego no sólo genera perjuicios en nosotros sino en el entorno que nos rodea, ya que genera molestias o retardos en las actividades o tareas a realizar.
Por tanto, la impuntualidad no sólo produce efectos negativos en el sistema social sino también en el plano económico, puesto que ese hábito o costumbre de no llegar a tiempo crea un sobre costo en las actividades económicas que implica una pérdida de eficacia, porque el empresario deberá producir menos pagando más que a su vez se trasladará al consumidor final mediante el precio.
Es entonces que la impuntualidad se convierte en un problema económico que acarrea mayores costos a las empresas y personas, quienes pierden ingresos por cada minuto de tardanza de sus proveedores y trabajadores.
Sin embargo, la solución a este problema también lo podemos encontrar en la teoría económica que nos enseña que es más conveniente que los empresarios o productores afronten el costo de crear incentivos para promover la puntualidad en sus trabajadores que asumir los costos de la impuntualidad.
Es decir, que si sumamos todas las pérdidas económicas que nos ocasiona la impuntualidad de nuestros colaboradores y lo equiparamos con el costo de crear un mecanismo que motive a los trabajadores a llegar temprano, siempre resultará más barato optar por la segunda opción que soportar la primera.
Pero, ese incentivo para ser eficaz tiene que ofrecer un mayor beneficio al que obtiene el trabajador por llegar tarde, ya que dicho personal no comparte los mismos riesgos que el empresario y por tanto no tiene ningún interés en mejorar la producción. Aunque algunos creen que la mejor forma de reducir los efectos negativos de las externalidades es desincentivar la misma mediante la internalización de costos, es decir, con formulas como los descuentos o la amenaza del despido a los trabajadores. Nosotros discrepamos de esas alternativas y abogamos por incentivos positivos.
Porque como señalamos el trabajador que llega tarde obtiene un beneficio implícito por ello, como puede ser dormir más, pasar un tiempo extra con su familia, compartir momentos con sus hijos, etc., y mientras el empleador sólo le adiciona costos al descontarle o despedirlo, logrando como resultado el efecto inverso, ya que el trabajador podrá llegar más temprano por miedo a la sanción, pero su desempeño laboral disminuirá porque se encuentra desmotivado. Desde luego cuando me refiero a equiparar los beneficios no significa igualar la satisfacción obtenida sino crear alternativas atractivas que impulsen a sacrificar esa utilidad para logra un beneficio mayor a futuro.
En suma, la impuntualidad genera costos y esos costos son asumidos íntegramente por el empresario o titular de la actividad, a su vez, el trabajador que no asume riesgos en la actividad, no tiene incentivos para llegar temprano más que conservar su trabajo, por lo que; la mejor forma para combatir la impuntualidad es crear mecanismos de incentivo que logren ese esfuerzo adicional para cumplir con el horario y desempeñar sus funciones plenamente motivados.
Pero valgan verdades la cultura de la impuntualidad está generalizada en todo los ámbitos de la sociedad, comenzando por quien escribe, al confesarme un impuntual no por falta de tiempo sino de organización.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA INFIDELIDAD DEL CONSUMIDOR

En un escenario de competencia perfecta en el que existen muchos compradores y vendedores, que poseen la misma información sobre el producto y donde los bienes y/o servicios que se comercian son similares entre sí o hay muchos sustitutos, además que no hay restricciones u obstáculos al ingreso o salida del mercado, los consumidores tenemos la posibilidad de ser infieles.
Ya que no debemos ser prisioneros de las marcas o bienes que siempre consumimos, puesto que nuestra infidelidad con el proveedor nos permite observar otras opciones del producto y por tanto dinamizar la competencia en el mercado obteniendo mejores precios y calidad del producto.
A su vez, la infidelidad que consiste en optar por la decisión racional de consumo comparando todos los productos similares o sustitutos para elegir aquel que mejor satisfaga nuestras necesidades, no sólo tiene como objetivo conseguir mejor precio y calidad, sino que a la vez tiende a castigar al proveedor que valiéndose de la publicidad abusa del consumidor fidelizado.
Una manifestación de la fidelidad del consumidor es el comportamiento emocional de consumo, que consiste en que los compradores se sienten identificados con una marca o producto específico que produce un solo proveedor y por tanto, al tener capturado la preferencia del consumidor, el proveedor se conduce como un monopolio con los mismo efectos perjudiciales que eso significa para el mercado y el consumidor.
Es por ello, que los consumidores no debemos temer ser infieles ante nuestros proveedores, ya que al buscar nuestro beneficio particular logramos un beneficio general como mejores precios y calidad en los productos, mayor eficiencia asignativa de los recursos en el mercado y la salida de los proveedores abusivos.
En suma la infidelidad en el mercado es una buena práctica que promueve la competencia, al permitir cambiar de opción de consumo ante una mejor alternativa, lo que implica que la elasticidad de la demanda será mayor en la medida que nos dejemos llevar menos por la publicidad o por la emotividad ante un producto y evaluemos objetivamente un producto antes de comprarlo.
Ocurre en cambio, muchas veces que los consumidores somos fieles a un producto por años porque siempre ha colmado nuestras expectativas y sin embargo, de un tiempo a otro su precio se incrementa o la calidad disminuye pero no obstante continuamos adquiriéndolo, atendiendo al dicho popular que señala que “más vale diablo conocido que por conocer”. Resulta que para efectos de la economía de libre mercado esa frase popular no tiene ningún fundamento, ya que sólo conociendo las nuevas opciones de venta podremos comparar y reafirmar nuestra elección o en su defecto cambiar a otro mejor.
Desde luego, se trata de una situación de segundo mejor, ya que es mejor ser infiel que no serlo, puesto que en el peor de los casos, el consumidor infiel tendrá siempre la posibilidad de volver a preferir el producto anterior, lo importante es no ser esclavo de las políticas comerciales de las empresas que nos bombardean segundo a segundo con campañas publicitarias para fidelizarnos y tener un mercado cautivo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

EL DRENAJE FLUVIAL Y LAS EXTERNALIDADES

Las obras del drenaje fluvial que intenta evitar futuros accidentes y/o catástrofes para brindar a los vecinos de nuestra ciudad una infraestructura de alcantarillado adecuada, que enfrente el problema de los aniegos producto de la temporada de lluvias, se ha vuelto hoy por hoy la más cuestionada, ya sea por la lentitud con que avanza la obra o el caos que ocasiona ante cada llovizna que generan molestias en los vecinos, comerciantes y transportistas que viven, comercian o transitan por la zona.
Esta molestias para su mejor compresión y solución pueden son entendidas desde la teoría económica como externalidades, que son efectos no contratados de una determinada actividad cuyas consecuencias recae en terceros, en ese sentido, estos efectos pueden ser positivas cuando producen beneficios y son negativas cuando generan costos.
En el caso del drenaje fluvial nos encontramos frente a externalidades negativas ya que la demora en la culminación de la obra sumado a ello las lluvias continuas, hacen que el valor de las propiedades que se ubican en las calles donde se ejecuta la obra disminuya y también que los comercios pierdan ingresos por una menor concurrencia de clientes en la zona, adicionalmente del costo de las reparaciones o contingencias que son asumidos por los propietarios ante las inundaciones que no están previstos en el presupuesto de la obra.
Desde luego, toda obra pública significa un beneficio futuro es decir una externalidad positiva, ya que las molestias de hoy serán al menos en teoría compensadas por el funcionamiento y mejoras en la calidad de vida que posibilite la obra, revirtiendo todos los efectos negativos. Pero está claro también, que los ciudadanos no podemos esperar eternamente por la culminación de una obra sufriendo las molestias bajo la expectativa de un beneficio venidero, ya que la ejecución de todo quehacer del Estado e incluso de los particulares tiene que realizarse en un plazo razonable, excedido el cual, las molestias deben repararse.
El problema de las externalidades, es que en las externalidades positivas los terceros que comparten el beneficio social no asumen los costos de mantenerlos, lo que desincentiva la actividad, mientras que en el caso de las externalidades negativas quien genera la molestia no internaliza el costo social lo que incentiva la conducta.
En suma, la solución al caso concreto seria compensar los efectos negativos o molestias ocasionados a los vecinos y comerciantes mediante exoneraciones a sus tributos y/o arbitrios, ya que de esa forma la municipalidad internalizaría en alguna medida los costos sufridos por los vecinos durante la ejecución de la obra, salvo mejor parecer.