jueves, 9 de diciembre de 2010

TEORÍA DE LA ELECCIÓN

Todos elegimos cada día y en cada momento de nuestras vidas, y esa elección que depende de muchos factores internos y externos tiende a identificarnos como consumidores, pero que misterio guarda ese instante ese segundo que nos lleva a optar por un producto en vez de otra, esto es el objeto de estas líneas que busca explicar dicho fenómeno.
A propósito de ello, se dice que la economía es la ciencia de la elección ya que estudia la toma de decisiones de los agentes económicos para el uso eficiente de sus recursos, así un consumidor buscará adquirir más (productos) con menos (dinero) mientras que un proveedor tiende a vender menos (productos) por más (dinero).
Está claro que a ambos agentes económicos los impulsa su fin económico de satisfacer sus necesidades mediante las mejores decisiones, para ello, la información conforme siempre he señalado es poder en el mercado y puede determinar hasta cierto punto la elección de un producto, y digo puede porque muchas veces no es lo que ocurre, sino por el contrario el consumidor se deja llevar por el producto más publicitado o con el que tiene cierta afinidad porque resulto una buena compra en el pasado, a ello se denomina decisión emocional de consumo que es una forma subjetiva de elegir, cuando lo correcto es comparar precios y calidades para optar objetivamente por aquel que mejor satisfaga nuestra necesidades de consumo.
Al igual que lo ocurre en la relaciones personales o sentimentales, lo seres humanos tendemos a establecer lazos y fortalecer vínculos con marcas y determinados productos a lo largo de nuestra vida, de tal modo que nos identificamos con los colores, diseños o mensaje que trasmite el producto de una empresa y lo interiorizamos como parte de nuestra personalidad.
Para entender como ocurre ello, debemos remitirnos a observar cómo elegimos pareja en el día a día, todo parte de una atracción o una impresión que nos lleva a un interés concreto sobre el sujeto, ya sea por las preferencias (alto, bajo, blanco, trigueño), la publicidad (es el más codiciado del medio), por la calidad (es bella, simpática e inteligente), todo ello constituyen factores que conjugados van afianzando nuestro sentimiento hacia el otro ser.
Sin embargo, a diferencia de las relaciones humanas, donde las personas puede conocer al sujeto antes de decidirse por elegirlo y a más información menor probabilidad de equivocarse, en el mercado no sucede lo mismo, puesto que muchas veces ni tenemos toda la información disponible sobre el producto para poder elegir y mucho menos el proveedor nos brinda datos relevantes, empero la dinámica tráfico comercial nos obliga a tomar una decisión inmediata.
No existe por ejemplo un periodo de prueba en el que el consumidor pueda constatar que el producto se adapte a sus necesidades y que por tanto sea acorde a sus expectativas y tampoco podría imponerse porque representaría una carga demasiado gravosa para los proveedores, ya que muchas veces el consumidor no elige bien pese a tener la información a su alcance y no sería razonable que asuman el costo justos por pecadores.
Desde luego, la teoría de la elección nos demuestra que los consumidores actuado condicionados por ciertos factores endógenos y exógenos al propio consumidor, es decir; nos motiva por una parte aquellos elementos subjetivos que surgen de las preferencias y prejuicios internos de cada uno y a la vez también nos impulsa los componentes objetivos que son externos y ajenos al consumidor y por tanto son reflejo del mercado.
Lo que significa que es conveniente guiar nuestras decisiones de compra por factores objetivos, sin que ello implique sacrificar nuestras preferencias ya que siempre habrá una carga subjetiva en la elección de consumo, pero no debe ser lo determinante al momento de optar por la mejor alternativa.

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