Al igual de lo que sucede cuando en el colegio o la universidad un alumno aprueba los cursos copiando de los compañeros o valiéndose de otros medios deshonestos, se produce entonces una ineficiencia, porque la distribución de las notas no refleja a los más capaces y por tanto aquellos que deberían sobresalir en el salón y tener los mejores promedios, se ven relegados por los estudiantes que hicieron trampa.
Lo mismo ocurre en el mercado cuando una empresa incurren en una acto anticompetitivo o de competencia desleal para mantenerse en él, sin que sea su eficiencia el común denominador para la preferencia de los consumidores, es decir, las empresas tienen como fin obtener utilidades para ello, deben lograr la demanda de los consumidores sobre los bienes y servicios que ofrecen al mercado. De forma tal, que para ello, ofrecerán mejores precios y mayor calidad, reduciendo costos pero sin afectar su permanencia.
Imaginemos por un momento, que una empresa que compite con otras cinco, de repente deduce en 30% el precio de sus productos, cosa que no pueden hacer las demás porque estarían vendiendo por debajo de su costo, lo que llevaría a la bancarrota, pero la empresa en cuestión, porque si lo puede hacer, resulta que dicha empresa tiene otras industrias relacionadas en otros sectores y sus pérdidas en el sector donde redujo precios es subsidiada por las otras empresas que cuenta en otros rubros, ahí se presentar un subsidio cruzado, que en el caso concreto es negativo para la competencia porque la empresa subiste no a partir de su propio éxito sino valiéndose de los recursos de sus firmas relacionadas, y además esa reducción en el precio tiene por objeto a la larga que la empresa puedan eliminar la competencia, generando perdidas al principio que serán recuperadas cuando luego se convierta en monopolio y en consecuencia imponga los precios que mejor le convenga. En este caso estamos frente a precios predatorios otra conducta anticompetitivas, que afecta la eficiencia en el mercado.
En el supuesto estudiado, estas situaciones falsean, distorsionan o restringen la competencia, como mecanismo para la asignación eficiente en el mercado, es decir, si tenemos que el libre mercado y la teoría de la mano invisible de Adam Smith dicta que la suma de los intereses particulares posibilita el interés general, así, cuando un individuo vende un producto como único proveedor y a precios altos, la regla de la competencia hace que ello, no pueda perdurar, dado que las buenas ganancias obtenidas atraerán a nuevos competidores, quienes al querer atraer la preferencia del consumidor harán que se nivele el precio cerca al costo marginal del producto.
Pero esa tesis entra en crisis cuando, uno de esos competidores, falsea, restringe o tergiversa la competencia, ya sea negándose a competir como ocurre con la concertación de precios o producción, restringiendo la competencia mediante barreras a la entrada para mantener su posición monopólica o de dominio, falseando la competencia como sucede en los actos de confusión cuando un proveedor se vale de la reputación comercial de otro proveedor para lograr la demanda de los consumidores.
Todo esto nos lleva a la conclusión que la trampa en el mercado es una conducta que enervan la competencia y que perjudica la eficiencia que debe distinguir a todo modelo de libre intercambio, entonces el principal valor que se debe promoverse como piedra angular del régimen económico es la honestidad o también denominada buena fe comercial, para que los agentes comprendan la importancia del mismo y asuman el compromiso de conducirse bajo ciertas parámetros axiológicos que subyace al mercado y la sociedad.
jueves, 14 de julio de 2011
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