lunes, 3 de enero de 2011

LA REGULACIÓN DEL SIGLO XXI

Hoy que nos encontramos a pocos días de finalizar la primer decana del siglo XXI, quizás pensemos que las cosas no han cambiado mucho de un tiempo aquí, pero cuál es el recuento en materia de regulación económico del Estado, que podemos hacer para destacar lo bueno y criticar lo malo.
Lo cierto es, que el Perú no es el mismo país que era hace una decana, y no lo digo sólo por el retorno a la democracia o el crecimiento económico, sino por algo más importante aún, el crecimiento social.
Puesto que la integración de nuestra patria, ha sido posible no por los políticos que pregonan cifras favorables, sino principalmente por la revolución tecnológica y la regulación que ha significado en primera instancia un mayor acceso de la ciudadanía a los servicios públicos, es decir, mayor número de personas que podían contar con agua potable, energía eléctrica, teléfono e Internet. Situación que repercutió en su calidad de vida y amplió sus horizontes, ya que aquel comunero cuyo día terminaba al ocultarse el sol, con la electricidad extendió su quehacer productivo a la noche, aquellas personas que tenían que movilizarse kilómetros para poder comunicarse con sus seres queridos ahora no tiene más que marca una tecla de su celular para lograr aquello que antes le tomaba horas e incluso días.
Todo ello, ha sido posible gracias al avance tecnológico que estrecho las distancias y permitió que llegarán los servicios a los lugares más alejados de forma más fácil y a menos costos, pero también, fue posible por la inversión privada que expandió y mejoró los servicios y por último, y no por ello menos importante, a la regulación del Estado, que creó las condiciones para que la inversión y las políticas públicas lleguen más y mejor a los más necesitados.
Indudablemente también han existido errores, una tarea pendiente es mejor la calidad de los servicios y establecer planes de expansión flexibles que se adapten a la demanda creciente de la población. Además, la regulación no ha sido ajena a los cambios tecnológicos, ya que producto de la innovación y la convergencia ha tenido que renovar sus mecanismos de control y vigilancia para estar acorde a las necesidades de estos tiempos, promoviendo aquellas medidas que generen confianza en la inversión y a la vez protejan al usuario. Ya que vivimos en un mercado cambiante que necesita nuevas respuestas a los problemas que plantea el escenario de regulación o mercados regulados.
Por último, es importante destacar que los logros de la regulación no hubieran sido posibles sin el compromiso de profesionales altamente calificados con independencia técnica y sin influencia política, que privilegiaron los intereses propios de la regulación antes que las decisiones políticas o intereses empresariales, lo que nos permite ver al futuro con optimismo esperando superar lo ya alcanzado. Desde luego, evitando las interferencias de toda índole que perturban el proceso regulatorio.

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