Cuando hablamos de información se nos viene a la cabeza, aquel conjunto de datos cuya característica principal es informar sobre las cualidades de un objeto o sujeto, ya que siempre demandamos cada vez más información para adquirir un bien o servicio porque nos permite elegir correctamente.
Es más, los productos en el mercado están obligados a contener información mínima relevante para el consumidor como la fecha de vencimiento, el registro sanitario o el detalle nutricional, entre otros, cuyo conocimiento es sumamente importante tanto para demostrar la idoneidad del producto como para evitar responsabilidad del proveedor por los efectos de su consumo.
En ese sentido, la información resulta relevante en cuanto es claro, precisa, detalla y sobre todo veraz, de lo contrario dicha información es incompleta o lo que es peor falsa, haciendo que el consumidor opte por un producto con determinadas características que posteriormente no satisfacen sus necesidades, ya sea porque la información brindada al momento de efectuar la compra no se condice con las condiciones reales del bien o servicio ofertado.
Si ello ocurre, el consumidor que compró el producto por las cualidades informadas se sentirá defraudado y se producirá el conflicto entre el proveedor y el consumidor, desde luego el deber de probar que se informó adecuadamente al consumidor recae en el proveedor.
Para graficar la importancia de la información en el mercado citaremos como ejemplo, el programa de cable “El precio de la historia” que se emite por The History Channel o simplemente History, en dicho programa de televisión las personas que desean vender o empeñar cualquier tipo de bienes antiguos acuden a una casa de empeño en las Vegas y son tasadas por el dueño de la tienda, desde luego, las personas que van a empeñar o vender tiene cierta información sobre el producto en base a la cual, dan una oferta de venta, así tenemos que un día fue un sujeto que aseguraba tener un casco de armadura original del siglo XII, el dueño de la tienda de empeño le pregunto cuánto quería por ella y el ofertante pidió $ 2,500 dólares, sin embargo, para poder hacer la compra, el dueño llamó a un amigo experto en antigüedades para obtener más información, y se así se llego a determinar que el casco era un replica hecha en el siglo XIX y que su valor era de $ 500 dólares, en este caso la información fue relevante al comprador para que no le den gato por liebre, pero sucedió en otra ocasión que una persona fue con un supuesta moneda de la independencia Americana y pidió por ella $ 850 dólares, el dueño de la tienda de empeño nuevamente hizo la indagación con un experto y se descubrió que la moneda valía $ 5,000 dólares, así que el vendedor subió su oferta, en este caso la información fue importante para el vendedor para poder hacer un buen negocio, pero que hubiera ocurrido si el comprador ocultaba esa información al vendedor o viceversa, evidentemente alguien hubiera comprado menos (calidad de producto) por más (dinero) o más (calidad) por menos (dinero).
Pese a lo injusto que puede parecer esa realidad, eso ocurre a diario en el mercado donde los consumidores que generalmente tiene menos información que los vendedores, terminan comprando un producto de menos calidad que de la competencia por mucho más dinero. Ante tal situación nos preguntamos cuál sería el mecanismo para contrarrestar tal hecho y no me refiero a la asimetría informativa en si mismo sino a sus efectos, felizmente nuestro Código Civil prevé circunstancia en que la aceptación brindado para la adquisición de un bien o servicio está viciado de nulidad, y es lo que se denomina “vicios de la voluntad”, cuando por error, dolo o intimidación el comprador da su consentimiento para adquirir un producto, sin que se percate del error de percepción invencible o inducido por el vendedor, o cuanto es condicionado a la compra por medios coercitivos de venta, es entonces en que el consumidor podrá reclamar la nulidad de ese contrato y por ende pedir la devolución de su dinero.
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