La política como actividad socio-económica destinada a gobernar o detentar el poder político, no es ajena a las leyes que gobiernan el mercado, ya que al igual, que una empresa busca maximizar sus utilidades mediante menores costos y más ingresos, los políticos maximizan ese beneficio mediante su permanencia en el poder.
Asimismo, sus acciones de producción también van dirigidas a una clientela, los electores, puesto que, tal cual lo hacen los comerciantes, al buscar atraer con sus productos la preferencia de los consumidores a través de dos variables precio y calidad, los políticos que son ofertantes de promesas en el mercado de la política también atraen la preferencia de los electores (demandantes) para conseguir sus votos y lograr su fin económico.
Para lo cual, invierten recursos que generan costos fijos y variables con la expectativa de recuperar dicha inversión, sin embargo; los políticos que se rigen por la ley de la oferta que describe la relación entre cantidad ofertada y precio, es decir; a mayor precio más cantidad de oferta y viceversa, deben analizar antes de ingresar en el mercado de la política sus posibilidades de competir y su utilidad esperada, que desde luego, tiene que ser superior o igual al costo, de lo contrario no convendría seguir produciendo. Lo que explica porque hay mayor cantidad de candidatos en distritos o provincias con mayores recursos.
Por otra parte, no todos los mercados de la política presentan características similares, ya que existen algunos con mayor vocación competitiva que otros, es decir, hay mercados de competencia perfecta, donde existen muchos productores (políticos) y compradores (electores), que poseen la misma información, además que es fácil entrar y salir de la política, y el producto es homogéneo es decir todos ofrecen lo mismo, es en esa circunstancia que se da mayormente en grandes ciudades donde los políticos compiten por la preferencia de los electores, haciendo que dicha competencia genere mejores propuestas y los ciudadanos elijan la mejor opción.
Pero a su vez también existen mercados donde la competencia es restringida o no es posible competir, ya que la oferta política es mínima y la población electoral también es pequeña, a la vez que existe asimetría de información, ya que los políticos siempre sabrán más que los electores sobre la viabilidad de sus propuestas, el producto no es homogéneo es decir cada candidato tiene propuestas totalmente distintas y finalmente las reglas no permiten un fácil ingreso ni salida de la política, todo lo cual, impide competir, dicha situación mayormente se da en localidades pequeñas o altamente desinformadas.
Dicha competencia en la política se enmarca dentro de las reglas democráticas que hace posible que el candidato con mayor preferencia por los electores, obtenga posición de mercado y por lo tanto, detente el poder político, todo ello, con respeto irrestricto de la normas de libre y leal competencia que establece el juego democrático. Sin embargo; hay quienes no desean competir y renuncian a la dinámica competitiva del mercado y optan por medidas anticompetitivas para lograr la posición de mercado. Ello explica porque se dan los golpes de estado o fraudes electorales, que son situaciones en la cuales, los políticos hacen trampa.
Por último, si entendemos a la política como una actividad económica con múltiples posibilidad de fallas de mercado que requiere regulación, podremos comprender que el verdadero rol del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) en dicho mercado es actuar como regulador estableciendo medidas que posibiliten su adecuado funcionamiento mediante un sistema de incentivos y regulación específica que permitan corregir las fallas.
jueves, 16 de septiembre de 2010
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